EL COMPORTAMIENTO AUREO DE LOS HOMBRES SABIOS.Un contacto con el poder.
Si nosotros pudieron, aunque solo sea de una forma mínima, tratar de seguir su comportamiento, nuestra vida automáticamente estaría al máximo.
Personas de la naturaleza, personas que cuidan de la naturaleza personas abrigadas por la naturaleza, personas que entienden y hablan con la naturaleza. Así fueron los grandes sabios del México antiguo. Sabios que mantenían comunicación constante y que comprendían los misterios de la naturaleza. Siempre atentos y concentrados. Captaban de manera instantánea los mensajes que esta les enviaba, sabían que el mundo se comunicaba con ellos y ellos entendían el lenguaje, un lenguaje sagrado. Entendían las señales e indicaciones que se les enviaba y estas eran atendidas en el acto. El sonido de un pájaro o cualquier ave, el reflejo del sol, el caer de una pequeña piedra, el rugir de algún animal, el rayo o el trueno en el momento indicado era una señal, y ésta, era atendida. Entendían los misterios del mundo y el mundo les revelaba sus enormes secretos.
El vínculo que los unía se encontraba limpio y era el canal directo de comunicación
Personas sencillas alejadas de la arrogancia, a pesar de sus elevados conocimientos, personas para quien la importancia personal era solo un enorme estorbo, pues no necesitaban en lo más mínimo de ella. Personas decididas y con un carácter inquebrantable, personas cuyas decisiones eran terminantes y no tenían camino atrás. Personas que mediante una férrea disciplina, expulsaba los más mínimos signos de presunción y de petulancia. Gente que hablaba con las plantas y los árboles y que entendían que ambos eran igual de importantes o igual de insignificantes. Les quedaba claro que el mundo en que Vivian era un total misterio y que los seres humanos nunca eran más importantes que ninguna otra cosa.
Personas para quien la muerte tenia un especial significado, pues percibían su presencia y se encomendaban a sus consejos, los cuales eran considerados como sumamente sabios, notaban su presencia pues su cuerpo altamente sensibilizado se estremecía y el escalofrió era la indicación de que estaban ante ella. Y con movimientos parpadeantes era detectada, como queriendo alejarse. La muerte era considerada como la eterna compañera y a la vez infalible consejera, sabían que siempre se localizaba a la izquierda del ser humano, casi tocándolo, siempre a muy corta distancia, vigilándonos, vigilando nuestros actos, vigilándonos eternamente hasta el día en que esta nos toca, lo que representa nuestro último suspiro.
Ellos razonaban que siendo la muerte nuestra sempiterna compañera, nuestra eterna cazadora ¿Cómo entonces es posible sentirse arrogante e importante, si nuestra muerte nos está vigilando y solo basta un ligero toque de ella para poner fin a nuestra vida? Al sentir inquietud, volteaban a su izquierda y pedían consejo a su muerte. Sabían que el egoísmo y la avaricia se eliminaban con solo un gesto de la muerte, era la insuperable consejera sabia con que siempre contaban. Cada vez que uno razone que todos los asuntos van saliendo demasiado mal, cuando sentimos que vamos en caída directa, cuando estamos a punto de ser destruidos, miremos hacia nuestra muerte e indaguémosle si esto es verdad. Ella nos encarara y nos dirá, estas equivocado, nada es más importante en nuestro paso por la vida, que mi roce. Y aún no te he tocado. Puedes seguir adelante, lucha, pero con más fuerza, con mayor decisión.
Hombres que fijaban objetivos, y una vez establecidos, contra todas las circunstancias iban siempre hasta el final. Adquiriendo la total responsabilidad de sus actos, de sus hechos. De cualquier acontecimiento por mínimo que éste sea, entre su camino al final. Queda totalmente claro que sabían lo que hacían, y procedían siempre hacia delante con su actuar, sin la menor duda, si el más mínimo remordimiento acerca de sus acciones. Concientes de que siempre eran vigilados por su muerte, no había espacio para la menor duda y mucho menos para cualquier tipo de arrepentimiento. Ellos solo tenían tiempo para actuar. Vivian su vida sin lamentos y con la total responsabilidad de sus actos. Y estaban dispuestos a morir antes de renunciar a esa responsabilidad. Ni decisiones grandes ni decisiones pequeñas, simplemente decisiones.
Sabios que concebían el mundo de diferentes formas, y que siempre, bajo cualquier circunstancia, mantenían un perfecto equilibrio en relación con su medio ambiente. Hombres que no dejaban nada al azar, nada era por casualidad. Fueron hombres fuertes, poderosos, tenían que serlo para soportar el rigor de su vida, que era de férreo trabajo y de esfuerzo constante. Hombres cuyo mundo en el cual los eventos, las emociones y las decisiones exactas era sumamente más seguro y práctico que la vana idiotez de lo que actualmente nosotros llamamos “nuestra vida”. Un mundo efectivamente, superior. Un mundo que conocían con amplitud y detalle, un mundo del que se resguardaban si las circunstancias lo requerían, o un mundo al cual se apegaban para recibir su abrigo de protección, como un capullo que los protegía y los fortalecía transfiriéndoles el poder de la tierra. Sabían como colocarse al alcance o alejarse del alcance del poder del mundo en el momento justo.
Eran inaccesibles y tocaban su mundo lo menos posible, no dañaban y no eran dados al exceso, no se exhibían a la fuerza de la tierra más que en caso en que fuera absolutamente necesario. No abusaban de la gente, y mucho menos de quienes querían. Se colocaban lejos del alcance y evitaban agotarse a si mismos y a sus compañeros. No padecían hambre y siempre conservaban la calma. ¡Nunca agotaban sus recursos! Sabedores que sus necesidades siempre, tarde o temprano serian cubiertas, así pues, no se preocupaban pues si lo hacían se convertían en presas al alcance del enemigo. Trataban al mundo de forma imperceptible, y llenos de afección, de cariño, sin importar si es un objeto, una mata, animales o semejantes o el poder de la tierra. Hombres impenetrables que no deformaban su medio ambiente, que no lo agotaban. Un mundo al que palpaban de forma muy ligera, y que solo permanecían en el cuanto tenían que hacerlo para después alejarse de manera fulminante, casi sin dejar rastro alguno de su presencia.
Nuestros sabios antepasados, sabían que en la tierra existen fuerzas difíciles de comprender pero no imposibles, poderes que existen en el universo y que sirven de guías para el ser humano. Fuerzas que dirigen tanto la vida como la muerte.
Ellos fueron seres humanos formidables y que adquirían la responsabilidad al 100% de vivir en este mundo de misterio, ellos lo descubrieron y lo sabían claramente, Este es un mundo lleno de misterios. Un mundo insólito, por que para ellos era estupendo, aterrador, secreto, enigmático. Fueron totalmente felices y agradecidos de haber vivido en este mundo maravilloso, en ese período maravilloso y en ese preciso lugar maravilloso. Aprendieron el arte de hacer constar sus actos y que el hecho de cada acto cuente, pues pronto comprendieron que su vida era corta, de hecho muy pero muy corta y no era suficiente para dar cuenta de todos los prodigios que en el mundo existen.
El ser humano de la actualidad nunca ha aceptado la responsabilidad de vivir en este magnánimo tiempo de este generoso mundo. Por tal razón no es feliz, sufre de terrible aburrimiento y también nunca puede concretar nada que realmente valga la pena. Hombres pequeños que creen hacer lo mejor que pueden sin saber lo que realmente pueden, hombres que “hacen cuanto pueden” pudiendo hacer más, seres humanos pequeños que viven creyendo que el tiempo les pertenece, que el tiempo les sobra, piensan que tienen mucho tiempo, que su vida va a permanecer para siempre. Y por eso no piensan en hacer cambios, viven sin darse cuenta, viven casi como una planta, casi inmóviles. Y aún así dudan en cambiar. Tarde se les hará y más pronto que temprano se darán cuenta que ya nos les queda tiempo ni vida por vivir. Eso que hacen ahora en este preciso momento, podría constituirse en su postrimero hecho sobre la tierra, lo cual representaría su “última contienda” pues nada en este mundo de misterio les puede garantizar que vayan a vivir una hora más. Pues si lo supieran, en consecuencia, actuarían.
Si este momento representara su “última contienda” en este mundo, es obvio que el ser humano actual es un completo idiota, y se encuentra desaprovechando en alguna estupidez lo que podría ser su “última contienda” sobre la faz del mundo.
No hay tiempo, humanos pequeños, no tienen tiempo, nadie tiene tiempo, ¡hay que actuar ya! Tienen que comprender que no existe nadie que pueda asegurarnos que nuestra existencia continuara de manera indefinida. El actuar es ahora, aquí y en este momento, sin anunciar, pues también la muerte se da, sin anunciar. ¿Qué queda por hacer? ¡Alcanzar la felicidad y vivir en ella! Pero ¿ustedes saben o conocen a alguien que viva realmente feliz? No le busquen, olvídense, no conocen a nadie realmente feliz, porque simplemente no existe.
Nuestros sabios antepasados del México antiguo fueron seres humanos sumamente meticulosos con la naturaleza de sus hechos. Y su felicidad consistía en actuar con la plena conciencia de que ya no disponían de más tiempo, en cuyo caso, su comportamiento era acompañado de una energía distintiva, sus hechos siempre poseyeron una inyección energética que les proporcionaba su misma felicidad. Sus actos poseían poder. En especial cuando el hombre que actúa es conciente de que sus hechos representan “su última contienda” poseen una misteriosa alegría al actuar con la total conciencia de que lo que están actuando puede muy bien representar su “última contienda” sobre la superficie de nuestra hermosa tierra. El ser humano actual cree que sus actos van a durar por siempre, que sus actos son continuos y que su vida misma es perenne. Déjenme decirles que se equivocan, pues en efecto no tienen más tiempo. Para el ser humano de este tiempo es una total desgracia, pero es algo real. ¡No tienen más tiempo! Ninguno de nosotros lo tiene, y su pasividad y su continuidad es algo ilógico para este que es un mundo lleno de secretos. La pasividad del ser humano actual, su creencia en que va a vivir por tiempo indefinido, ha logrado convertirlo en un ser humano lleno de cobardía, y así su actuar no posee de ninguna forma el agrado, la energía, el carácter invencible de los hechos que realiza un ser humano que es conciente de que esta peleando su “última contienda” sobre la tierra. El ser humano actual ni es feliz ni es fuerte, solo es un gran cobarde.
Todos vamos camino a la muerte, existe algo o alguien en algún lugar del cosmos que nos esta esperando, eso es un hecho certero. Y nos vamos a reunir con ese algo o alguien, también es un hecho certero. Quizás la gente actual piensa que es distinta, y piensa que la muerte no la aguarda en ningún lugar. No piensen en su muerte, ¡utilícenla! Centren su cuidado en el vínculo que los une con ella, sin arrepentimiento ni angustia, sin ansiedad. Centren su esmero en el acto de que no poseemos más tiempo y permitan que su actuar desfile en correcta coordinación con este hecho. Permitan que cada uno de nuestros hechos represente nuestra “última contienda” sobre la faz del mundo. Y así bajo estas circunstancias su comportamiento y sus hechos poseerán la fuerza que les pertenece.
Si tienes esposa, dile que la amas, hoy, y no lo pienses decir mañana, si tienes un hijo apóyalo hoy, si tienes hermanos abrásalos ahora, en este momento, si tienes un amigo aprecia su compañía y abrásalo también. Si tienes un empleo, agrádeselo pues muchos no lo tienen, si eres estudiante, corresponde el apoyo que te están brindando, y culmina a como de lugar tus estudios posiblemente sea tu única herencia. Donde te encuentres ahora, donde vivas con quien vivas y como vivas, para ti existen razones suficientes y fuertes para salir adelante, para alguna persona en tu casa tú eres considerado un vencedor, aunque tú te creas un derrotado. Sabes que hay alguien muy cercano a ti para quien tú eres magnánimo, aunque tú estés totalmente convencido de que eres muy débil y muy pequeño. Existe alguien que te admira, ¡alguien que te esta necesitando ahora! Para alguien tú eres un superhombre, ¡alguien espera de ti por que cree en ti! Y tu claro que no podrás fallarle como tal vez tus pasados héroes te fallaron a ti, tienes un hijo, o tienes un hermano, o tienes a tus padres, o tienes a tu esposa. ¡Despabílate!, ¡Sacúdete!, ya es hora de que tomes conciencia del honor que significa ser parte de una familia, un símbolo de grandeza y de unión. Basta de que busques idioteces, lo que buscas bien sabes que lo tienes en tu familia, en tu casa. Toma conciencia de que existe alguien que, al aprender a dar sus primeros pasos, pretenderá seguir los tuyos y lo que sabrá hablar lo habrá aprendido de ti. Recapacita que existe alguien que querrá ser ¡como tu! Ahora ya es de noche, quizás sea de madrugada y no tienes sueño, imagínate frente a esa persona, tu sabes quien es. En la alborada, esta noche, observa por unos instantes el soñar de ese ser humano para quien tú eres una figura, un vencedor, obsérvala en su respiro, obsérvala en su descanso y entonces dialoga con ella en silencio.
Platícale todo lo que jamás has tenido el valor de decirle. Y entonces establece un compromiso con ella, te comprometerás con todo el ímpetu de tu ser, a logras ser merecedor de ella, a luchar ahora como nunca en el quehacer de todos los días para ser diferente. Te obligaras a caminar una milla adicional todas las veces que se requiera, hasta haber alcanzado tus objetivos, te comprometerás a ser digno de ese podium donde te han colocado inmerecidamente.
En su soñar, menciónale en silencio tus proyectos, tus objetivos, y olvídate de una vez y para siempre, de tu falsa importancia personal, de tu engreimiento y descúbrete con total integridad y belleza y dile: esposa, en este momento, me comprometo ante ti persona…hermano, …hijo…madre…tu sabrás quien será la persona de tu compromiso. Inmediatamente deposita un beso en su frente. En esos momentos mientras te encuentra aún libre de todo lo que te entorpece y que casi en ningún tiempo te ha dejado ser tu mismo, obsérvate al espejo, dialoga en forma callada con el ser del espejo, es tu yo distante, el yo que siempre ha deseado manifestarse y que jamás lo has permitido. Observa y embelésate con el resplandecer de tu mirar, con la sonrisa en tu boca. Centralízate en tu persona y maravíllate con la obra magna del universo: Tu. Tú, libre de timidez, de cobardía, de complejos, de presunción, ¡tu mismo! Rebosante de hermosura y lleno de plenitud, tu mismo, como un vencedor en la vida del ser humano. Obsérvate, y llénate de alegría hasta llorar. Y en ese instante preciso serás consciente y entenderás al fin, por que eres el milagro más grande de la vida y aceptaras ese reto y entonces al fin te decidirás y serás un hombre realmente grande.
En el crepúsculo, ésta misma noche adquirirás un compromiso único con tu partidario más especial. En pleno silencio te comprometerás con la imagen del espejo, es decir, con tu propia persona. Escucha con atención, esta noche partirás catapultado, puedes quedarte a obscuras, alguien más te acompaña pues ya no vives solo, buscaste al espíritu del universo donde ninguna vez habías buscado. Callado y sin palabras lo citaste y el escucho tu llamado. Escucharas su voz en lo profundo de tu ser que te dirá, nunca has estado solo, perennemente te he acompañado. Dame tu mano pues voy a ir contigo. Hay mucho trabajo para mañana. No vuelvas a separarte de mí…
De lo contrario, mientras vivas en éste maravilloso mundo, tus hechos, serán el comportamiento de un ser humano cobarde.
Así que no es tan terrible vivir siendo un hombre cobarde si se va a vivir de forma eterna, pero si no es así, si sospechamos siquiera ligeramente que algún día nos vamos a morir, entonces no tenemos tiempo para ser tímidos y menos para ser entupidos. La timidez nos impulsa a agarrarnos de cualquier cosa que solo vive en nuestra mente y así, nos contenemos por que todo parece en calma, pero más tarde el mundo nos devora, como devorara a todos los hombres y esos caminos aparentemente seguros nada tienen de seguros.
La muerte se encuentra siempre ahí, esperando y quizás el acto que estamos realizando en este mismo momento bien puede representar “nuestra última contienda” en este mundo. Es una contienda por que es una batalla. Todo el mundo pasa de un hacer a otro sin pelear, sin analizar. En cambio, si analizáramos cada hecho, cada vivencia, si tuviéramos un conocimiento más amplio acerca de cómo nos acicala el hecho de utilizar a nuestra muerte, entonces actuaríamos con sabiduría, como si cada vivencia representara “nuestra última contienda” sobre la faz de nuestro hermoso mundo, y así, daremos a nuestra “última contienda” el respeto que se merece. Y entonces se convierte en algo natural que nuestra “última contienda” sobre este mundo represente la excelencia de nosotros mismos, y nos dará gusto, y nos proporcionara fuerza y poder que tanta falta nos hace, y actuaremos con total seguridad, sin el más mínimo sentimiento de temor.
Sin la menor duda.Rafael J. Gómez
DIRECTOR